Cevichería Señor Limón, lo Bueno, lo Malo, lo Feo


Aunque no soy de salir a comer mucho a la calle, por cuestiones de insatisfacción y economía, mi querida madre me convenció de ir a comer un ceviche a un restaurant en lugar de hacerlo en casa. No te des tanto trabajo hijo, dijo, y fijo, tenía razón porque estaba bastante chaqueteado de una simpática reunión la noche anterior, comiendo carnes al cilindro en la casa de mi amigo el Sapo Arrunátegui, también conocido como Steven Tyler de pollada bailable.

La cosa es que, siendo avanzada la hora, eso de ir a comprar los ingredientes, volver, preparar, etc, ya no era opción, por lo que siendo vecinos del maravilloso barrio del Olivar de San Isidro, nos fuimos caminando a la avenida Conquistadores, donde hay un huevo de establecimientos gastronómicos, que deberían llamarse astronómicos, por los precios. Mi madrecita, sin embargo me dijo que había uno que tenía precios “razonables” que equivale a decir precios equivalentes a restaurantes de entrada del primer mundo, en otras palabras, ceviches empezando a 26 soles, 10 dólares.

Ahi viene el tema de la insatisfacción, que viene al caso con Steven Tyler, y con el tema aquel satisfaction, que tantas satisfacciones les dio a los Beatles. Lo mío no pasa por lo musical sino por el hecho de que, cuando uno va a un restaurante muy promocionado y pides un ceviche o una carne y te cobran con un mazo -a dios rogando y con el m dando- para que al final el platillo en cuestión  no pase de regular, entonces, ahí hay un problema. Si voy a pagar un ceviche de 30, 40 o 50 lucas quiero que sea espectacular. Hay un famoso restaurante de carnes en Lima cuyo nombre no quiero acordarme, que te sirven carnes mas o menos pasables pero TODOS sus otros platos son super salados. Incomibles, en realidad, entonces para eso, para salir rabiando porque me gasté 180 soles en una comida para dos para que me dejen la boca mas salada que calzoncillo de pescador, no pues, no pues como decía la señora nano, candidata eterna a algun cargo político de importancia, no pues, que se metan su cevichería al poto.

Bueno, basta de digresión. La cosa es que terminamos en el Señor Limón de la dicha Conquistadores. De saque no me gustó ni michi el primer piso, oscurón y con una decoración que quiere ser gringo friendly, pero en fin qué sabré yo de decoración de interiores. Pero quede claro, con ese esquema de colores a un ser humano normal se le cierra el apetito. Por suerte mi mamá ya conocía y me dijo no, la cosa es arriba en la terraza. La terraza no es ni mas ni menos que la azotea, donde aunque algo claustrofóbico, se ha logrado un ambiente mas alegre y latino, que son temas que van de la mano con los platos marinos en nuestra cultura. Los colores alegres y tonos pastel, al estilo de la v ieja Lima, con simpáticas sombrillas y  mobiliario de madera, que comer ceviche en sillas y mesas de metal, francamente no pasa, no pasaaaa.

Vayamos al grano, o sea, a la evaluación del restaurante.

Lo bueno fue el ceviche. Pedí un ceviche mixto, de 26 soles creo, hecho con trozos grandes de lisa, aros de calamar, dos o tres colas de langostino y un pedacito de caracol perdido por ahí. Creo que si no fuera porque la frescura de los ingredientes estaba y porque la sazón y el punto de cocción estaban, hubiera reclamado por la ausencia de la parte “mixta” del ceviche. Pero no, estaba bien, una porción adecuada para una persona, que tampoco es cosa que te sirvan un cerro, como se estila en otros lugares, por lo general para compensar por la calidad deficiente.

LO MALO. Para el segundo plato ninguno de los ofrecidos en la carta me convencía, pero vi un fetuccini con no se qué cosa y un tacu tacu a lo macho. A mí eso de los tacu tacus los dejo para cuando voy al Cordano a tomar desayuno y me lo empujo con un café pero ir a cevichería a comer tacu tacu pues este pechito no se presta a esas innovaciones que están tan de moda. Así que llamé a nuestro mozo, un joven de nombre Julio, muy atento y simpático, a quien pedí que me hicieran un fetuccini con salsa a lo macho, menos el filete de pescado. Julito puso cara de alarma. “Uy no sé” dijo con tono de niño asustado. “Voy a tener que consultar con el cocinero”. Vamos, le dije. ¿Eso no puede ser tan complicado, o sí? Pues resultó ser mas que complicado porque al final volvió y me dijo con rostro consternado que no se podía “porque me han dicho que todas las porciones ya están dispuestas” o algo así, algún palabreo tonto que refleja la poca flexibilidad y el mal servicio al cliente que caracterizan a los restaurantes -y comercios en general- de la tres veces coronada, una vez  roto-invadida y una vez tsunameada Lima.

Ordené algo de la carta, un Risotto Señor Limón, que se ofrecía como “Risotto de conchas de abanico con láminas de pulpo a la parrilla aromatizado con finas hierbas.” Sonaba promisorio. Sonaba. Me trajeron un plato del tamaño de un platillo volador de tamaño natural. En el centro la porción de risotto que parecía yeso de tarrajear. Muy mala pinta, sinceramente. El color, el look, te quitaba las ganas. Todo entra por los ojos, dice el dicho. Todo, menos una cosa. Montado encima del risotto, no sé si fue por compensar por lo del fetuccini, tres tentáculos enteros de pulpo que sí tenían buena pinta. Tenían.

El risotto estaba tan monse como su pinta. El pulpo, salado y con demasiado romero. El romero, como todos saben, tiene un sabor muy penetrante y puede imponerse  a otros sabores mas sutiles, sacándolos del radar gustativo. Al final comí el risotto porque me moría de hambre pero el pulpo estaba tan salado y con tanto romero que a pesar que me encanta ese molusco, comí un tentáculo y llevé los otros dos a mi gatita Fuci, quien estuvo muy en desacuerdo con mi apreciación, devorando el platillo y seguramente deseando que visite el Señor Limón con mas frecuencia.

LO FEO. Algo que sucede muy a menudo en restaurantes limeños, sin importar el precio de las cartas ni la exclusividad. Los vasos olían a huevo malogrado. Esto, que es resultado de un mal lavado y un mal secado de la cristalería es algo que no puede suceder en un restaurante que se precie. Lo bueno fue que Julio no tuvo reparos en cambiar los vasos, pero el daño ya estaba hecho.

Volvería al Señor Limón de Conquistadores? Sí, a disfrutar del ambiente de la terraza y repetir el ceviche. ¿Los otros platos? tendrían que darme muestras primero.

 ps. ¿Maridaje? Para el ceviche pedí un Sauvignon Blanc pero no tenían. Con una cerveza fría quedó mejor que con el Chardonnay que sí estaba disponible.

Vinos de Canadá, British Columbia I


Aunque en la mente global el Canadá sugiere nieve, invierno y fríos circumpolares, la verdad es que Canadá es un país cubierto de nieve, largos inviernos y azotada por los fríos circumpolares. Having said that, existe un rincón de ese país, en la provincia de British Columbia, the beautiful, que aunque disfruta de nieves y fríos en invierno, en el verano tiene todas las características de un desierto, con cactus y serpientes crótalo (cascabel, para los menos informados) incluidos.

Considerada la region vitivinicola premier de Canadá merced a sus buenos vinos tintos, British Columbia centra su mejor produccion alrededor del Okanagan, en el valle y el lago de ese nombre. La otra region productora es Vancouver Island, isla enorme que es el asiento de Victoria, ciudad capital. Además hay un número de bodegas en el Mainland, que se extiende desde Vancouver hacia el valle del río Fraser, pero la verdad es que con honrosas excepciones, pocas, la produccion de vinos de calidad en esa zona todavía está a la zaga. Aunque el Niagara produce los notables Icewines y un número de buenos tintos y blancos, la carnecita de la produccion vitivinicola está en el Okanagan y ella dedicamos esta nota y otras que vengan.

Si bien BC está casi en línea con las grandes zonas productoras de Europa, está situada al extremo norte de esa zona. Con 2000 hectáreas bajo cultivo, es mínima en comparación con, digamos, Argentina, Australia o Sicilia. Las tierras aptas para viñedos en el Okanagan tienen un precio muy alto, y siendo tan escasas difícil que su precio disminuya en un futuro previsible. La tierra para viñedos en terroirs icónicos como Naramata Bench, Black Sage y Osoyoos alcanza precios astronómicos.  Esto es el primer factor de encarecimiento del costo de produccion, junto con la mano de obra. De hecho, los vinos de BC son caros.

Alguien podría estar tentado a decir que BC es mejor para producir vinos blancos que tintos y en realidad se producen muy buenos blancos, tanto el Chardonnay como las variedades “germanas”, a saber, Ortega, Gewurztraminer,  Ehrenfelser, Riesling. También de nota son los Pinot Gris. En los tintos destaca el Merlot, que a mi juicio, produce los mejores tintos de esa hermosa parte del mundo. Los vinos producidos con esta cepa, o con esta cepa como predominante en blends, son de buen cuerpo, aterciopelados y de buen final. Algunos que vienen a la mente son el Sandhill, Jackson Triggs, Church & Estate  y Painted Rock.

Aunque muchos argumentan que el clima de BC no da para una uva como la Cabernet Sauvignon, la verdad es que los productores de la provincia nos tienen acostumbrados a  muy buenos caldos de esta cepa. Destacan el Burrowing Owl, Cedar Creek y Jackson Triggs. Y como para desafiar a los escépticos, BC produce algunos muy buenos Syrah/Shiraz, como el Jackson Triggs Sunrock Vineyard, Burrowing Owl,  Sandhill Phantom Creek, entre muchos otros. También se encuentran excelentes cortes premium, como el Osoyoos Larose y el Compendium de Mission Hill.

No son baratos, no se encuentran en el mercado local y quizás nunca sean muy accesibles dado el área reducida de cultivo, pero los tintos de British Columbia se están haciendo un nombre a punta de buena calidad.

Sciaena deliciosa: la Deliciosa Lorna


Como decía Goebbels, miente miente que algo queda. O lo dijo otro? Qué importa quièn lo dijo, lo importante es la idea. Cuando uno se cuestiona el conocimiento popular termina dándose cuenta de que muchas de las cosas que tenemos por ciertas a punta de repetición, no son tan ciertas como aparecen bajo la aparente firmeza de “todos lo dicen por tanto debe ser verdad.”  En fin, sin alargar el preámbulo, lo que quiero decir es que el concepto mencionado se aplica también al mundo de la comida, en este caso, a la Lorna, pescado bien conocido por todos los que habitamos la costa oeste de sudamérica, desde nor Chile hasta el Ecuador.

“Ay hija, qué voy a comer lorna” es algo que se escucha por todos lados y muy probablemente de gente que nunca la probó pero escuchó el dictamen desfavorable y lo repite. Lo cierto es que la lorna, de nombre científico Sciaena deliciosa, es justamente eso, deliciosa.

Haré una confesión aquí y es que yo también estuve mucho tiempo en la cantaleta de que la lorna era horrible aunque no la comía desde niño, cuando mi papá me llevaba a mí y a mis hermanos a una carretilla en La Perla y nos sentaba a comer lorna frita con arroz y ensalada mientras él terminaba sus labores en el hospital de la zona.  Era deliciosa y comíamos hasta las mejillas y ojos del animalito. Con el tiempo me aburguesé y me idioticé -como estamos la mayoría de los que sufrimos la cultura postmoderna de pseudopituquerías y repeticiones y ampays- hasta olvidar lo que mis sentidos conocían.

No fue sino hasta hace unos años que en Boca del Río, hermosa playa de Tacna, pedí pescado frito y la dueña del restó me dijo que solo tenían lorna y que la acababan de sacar del mar. Decepcionado, estuve a punto de pedir un lomo saltado pero no pues, había venido desde Tacna a comerme un pescado frito frente al mar con su vino de chacra, blanco y rústico y no iba a claudicar así nomas. Ya pues, deme la lorna frita dije sin mucha convicción.

Mi asombro no tuvo límites al comer la carne sedosa y super sabrosa del pescadito. Qué rico! No sería que me estaba pasando eso que le pasa a los turistas que cuando van a un país y piden vino del lugar y les parece maravilloso luego en casa lo prueban y no les agrada un comino? O sea, no sería yo víctima del síndrome del turista? Por suerte no, porque, la lorna, si está fresca o mantenida en frío desde su desembarque, es increiblemente rica frita y con su arroz blanco y salsa criolla de rigor. Además es barata, y en términos de vulnerabilidad pesquera es de media a baja, por lo que se le puede comer sin arrepentimientos. Dado que hoy la cadena de frío en la comercializacion de pescado en Perú todavía es muy precaria, solo se puede garantizar que sea fresca comprándola de los pescadores artesanales, peñeros, en este caso. Desde Chorrillos a Asia, a las 4 o 5 de la tarde los pescadores dejan las peñas con sus productos. Yo se los digo sin reservas y a cuenta de que me acusen de impostor pero si encuentran a uno de estos pescadores ignoren las chitas y corvinillas (que además cuestan 3 veces más) y váyanse con las lornas. Eso sí, freir al día o al día siguiente, con obligatoria refrigeración de por medio. Pero quede en claro, si no está fresca o en frío, la carne de lorna toma un sabor desagradable muy rápidamente así que hay que cuidar este aspecto.

A esta maravilla de nuestro mar, así enharinada salpimentada y bien frita, con su arroz y cebolla salsa, la acompaño con un vino blanco y simple que refresque el paladar de la grasa y permita lucirse los sabores de la carne y grasa de este rico fruto del mar. A saber, un Muscadet sur lies, sería perfecto pero como pedir eso en el incipiente mercado peruano es un poco utópico, algo también europeo y que se consigue, un Trebbiano, de la que se encuentran algunos vinos italianos de precio razonable en Lima. Si no lo encuentran  en los supermercados, algunas panaderías italianas tienen un stock decente de vinos de ese país. Berisso, Los Huérfanos y Levaggi vienen a la mente, aunque hay varias otras. Si alguien quiere gastar más en un rico Trebbiano, la bodega Grandi Vini Italiani, de Conquistadores, en San Isidro, tiene dos o tres buenos productos. De hecho allí se vende el Marina Cvetic, un Trebbiano de alto vuelo, no baja de los 60 dólares pero es ooooh una maravilla. Bueno, siendo mas aterrizados, un blanco nacional le irá bien. Bon apetit!

P.S. pescadores peñeros que pescan a cordel venden su producto en La Curva de Chorrillos, cerca al mercado Sarita Colonia, en Chilca en playa Yaya, en Mala todos los dias a partir de las 4pm junto al mercado.

Los Vinos de Nueva Zelanda


Si hay un origen de vinos que extraño en Perú, tal vez mas que ningún otro, esos serían los vinos de Nueva Zelanda, particularmente los Sauvignon Blanc de Marlborough pero también, como no, los tintos de Hawkes Bay y los Pinot Noir de  Otago. Buenos Pinots tambien vienen de Martinborough.

Es público y notorio que los Sauvignon Blanc -Savvy, les dicen por allá- de Marlborough han puesto a Nueva Zelanda en el mapa internacional del vino, con sus caldos limpios y de pureza frutal, sus altos estándares de calidad y su consistencia. Uno se puede tomar el Savvy mas barato (unos 14 dólares) y encontrará que aunque no tenga la complejidad y caracter de uno del doble de precio, igual mantiene una calidad y una identidad varietal impecables.

En términos de regiones vitivinícolas, Nueva Zelanda se divide para fines enológicos en la isla norte y la isla sur. Marlborough está al norte del South Island, donde también se encuentra Otago. Marlborough, además de los impresionantes Savvy, produce muy buen Chardonnay, de carácter cítrico y mineral. En la North Island tenemos a Hawkes Bay, donde se producen ricos blends de Syrah, Cabernet Sauvignon y Merlot. Allí también se da la Chard, pero en este caso prevalecen los tonos frutales sobre los cítricos. En ambas islas los viñedos disfrutan de un clima de tipo marítimo, con fuerte sol durante el día y enfriados por las brisas marinas durante la noche. La estación de maduración de las uvas es larga y permite fijar el caracter varietal que es un distintivo de los vinos de ese país. Una excepcion es Central Otago, que está un poco alejado de la costa y que con su amplitud térmica marcada semeja más un clima continental.

Hablando con un  winemaker neozelandés me contaba que la industria del vino en Nueva Zelanda se benefició del gran desarrollo de  la industria láctea. Nueva Zelanda ha sido tradicionalmente una tierra de ganadería, particularmente de ovinos y vacunos. Cuando esta tuvo un declive en los ochenta, muchos agricultores y ganaderos vieron la enología como una oportunidad. Al aplicar los sofisticados metodos de control de higiene de la industria láctea a la industria del vino, lograron sorprendentes resultados en la expresion de pureza frutal, que es muchas veces comprometida por la presencia de microorganismos indeseables. Por otro lado, los productores tienen estándares minimos de calidad por acuerdo de viticultores a nivel nacional, por lo que debo decir que no he probado un solo vino de ese país, por mas barato que sea, que pudiera considerar malo. Todos son buenos, solo que unos mas que otros. De igual manera, no hay vinos de Nueva Zelanda que caigan en la categoria de budget o value; todos tienen un precio que va con su calidad. Los mas baratos en Canadá van de 14 dólares para arriba. Por el otro lado del espectro tampoco llegan a ser muy caros; los mejores Sauvignon Blanc andan por los 40 dólares. Los Pinot Noir de calibre están en la franja 50 – 60.

He tenido la fortuna de degustar innumerables productos del ese país, tanto por necesidades del trabajo como por ferias. Una de ellas es feria la anual de bodegas de NZ que se lleva a cabo en Vancouver. Gracias a estas ferias he podido saborear los mejores productos del país austral. Degustar un Savvy es un placer quasi adictivo que empieza con la nariz tan grassy, llena de hierbas y muy punzante, seguido del paladar limpio y de una acidez precisa que define los contornos de sabores de frutas de cada versión particular.

Entre otros Savvy inolvidables se pueden mencionar a marcas tan populares como Oyster Bay, Starborough, Villa Maria, Stoneleigh, Cloudy Bay, Brancott, Kim Crawford, Cat´s Pee, Astrolabe, Dog Point, Jules Taylor, Spy Valley, Matua y Babich entre muchos otros.

Siendo los Savvy notables como son, la cepa que está dando que hablar y que probablemente sea la nueva estandarte del vino Kiwi en un futuro próximo es la Pinot Noir, con sus mejores expresiones viniendo de Otago y Martinborough. Pero eso es materia de otro post.

P.S  me parece que algunos restaurantes tienen Sauvignon Blanc de NZ en sus listas de vinos. Cristina Vallarino menciona el NOBU en su facebook. Imagino que el Villa Maria, que cuesta 17 dólares en norteamérica saldría a unos 70 soles aquí en supermercado, unos 170 soles en restaurante por botella, o sea, 40 soles por copa?

Maridaje con Chicharrón de Chancho


 

El clásico sánguche de chicharrón de chancho de la costa central del Perú viene con camote frito y salsa criolla, i.e., cebolla fina, limón y un toquefá de ají. No mucho, por favor.

Aquí no hay discusión con respecto qué vino rociarle a un sánguche de  chicharrón de chancho. Hace poco me comí uno a media mañana, hambriento porque no había desayunado. En ese momento, en el calor excruciante del valle de San Antonio de Mala (cuna de grandes chicharrones de chancho y de los otros), vino a mi mente como un rayo un Riesling alemán (o austríaco, para los que pueden echar mano de uno de esos raros caldos), tal vez un halbt trocken o con un poco mas de azucar residual, un buen Kabinett. Por suerte habia uno a la mano, en este caso un Selbach Oster halbt trocken del valle del Mosel, (that would be in Germany), que hizo un perfecto trabajo. En su defecto, buscaría un buen Riesling de Alsace.

Cualquier otro vino será runner up, o sea, placé.

Cheap and Cheerful: Vinos Budget de Australia


Aunque en Perú se consideran vinos caros, una de las razones por las cuales los vinos australianos invadieron europa y norteamérica en los 90 fue su excelente relacion calidad precio. De hecho, en un mercado como el canadiense, donde un vino debajo de los 20 dólares es considerado budget wine y uno de 10 dólares una verdadera ganga, los vinos de Australia encontraron un nicho por su calidad y sabor.

En Australia, un país donde hay mas de 3,000 bodegas, vinos por debajo del twenty dollar mark existen por cientos, si no miles de etiquetas. Aquí detallaré algunos de esos productos que he tomado y que recomiendo a aquellos quienes tengan la oportunidad de viajar fuera del país y comprarlos, sea en Norteamérica o Europa. En Australia misma, dados los precios mucho mas accesibles, mejor sería considerar otros productos de mayor calidad. Ah, para mayor conveniencia, todos estos productos vienen con taparosca ó twistcap.

Lindemans Cawarra Shiraz Cabernet. New South Wales. Por menos de 10 dólares este tinto se deja tomar muy bien, muy afrutado y suave pero con firmeza de sabor.

McGuigan Black Label Red Blend. Sin denominación de región específica. Por un tiempo este vino fue todo el rage de los vinófilos de Vancouver con su buen cuerpo basado en Shiraz. Debajo de los 10 dólares.

Banrock Station Shiraz Mataro. South Australia. En Australia la uva Monastrell es conocida como Mataro y da notables caldos. Este entry level por la competitiva bodega Banrock Station da en el blanco con un vino sutil y jugoso para el precio. Buenísimo under ten dollars.

La misma bodega sacó un rico Unwooded Chardonnay por menos de 10 dólares y fue todo un éxito, particularmente cuando en promoción vendía la botella de 1 litro por el precio de la de 750ml. Fresco, ligero pero con la cualidad de boca de la cepa.

Por último, para este grupo que no es más que una muestra mínima, Jacob´s Creek Shiraz, a un poquito mas, bordeando los 13 dólares un buen representante de lo que esta cepa es y puede ser en sus hermanos mayores en el Down Under.

Me parece que un importador trajo al Perú la marca Jacob´s Creek hace unos años pero no la he vuelto a ver. Ojalá se animen de nuevo y de preferencia por otros vinos de mas calibre.

Un problema que se observa en los productos que sí se encuentran en el mercado local (Hardy´s Stamp of Australia, Little Penguin, Bleasdale) es que a ese nivel de precio estos productos con cinco o seis años de longevidad y quizás sin un almacenamiento òptimo ya están en declive. Hace poco, una tienda de vinos que no mencionaré por nombre quería pasarme un Lindemans Bin 50 Chardonnay (13 dólares en Canadá) del 2006 por 55 soles y según el dependiente “una gran promocion”. Le propuse abrirlo allí mismo y “si está bueno me lo llevo, si ya está en declive te lo quedas“ a lo que no accedió, insistiendo que estaba en perfectas condiciones y que  los vinos mientras mas viejos bla bla.  No way, josé, ese vino hace rato que ya jugó su tiempo suplementario.

Kangarilla Road: Zinfandel Australiano de McLaren Vale


Cuando uno lee o escucha Zinfandel inmediatamente viene a la mente California, la región vitivinícola del mundo con mayor área cultivada de esta cepa, y donde, sin lugar a discusión se producen los mejores Zinfandel. Por eso mi sorpresa cuando encontré un Zin producido por Kangarilla Road, en McLaren Vale, tan lejos de California como se pueda uno imaginar.

McLaren Vale vitivinícolamente pertenece a South Australia y se caracteriza por su bodegas familiares y boutique. Entre estas destacan Pertaringa Wines, Pirramimma Wines, d´Arenberg (de la que hay uno o dos productos en el mercado peruano), Dandelion, Hugo Wines  y Kangarilla Road Vineyard, productor del Zinfandel en cuestión.

Kangarilla Road produce, además de los obvios Shiraz y Chardonnay (estamos hablando de Australia, después de todo), Cabernet Sauvignon,  Sangiovese y Primitivo, además del Zinfandel. Entre estos, sus Shiraz destacan, recibiendo corrientemente altos puntajes por críticos especializados El 2007 Q Shiraz recibió 94 puntos de James Halliday y la version 2008 del Kangarilla Road Shiraz mereció 94 puntos de Tony Love. También son populares sus productos entry level, como el 2Up  Shiraz  y el Kangarilla Road Chardonnay ($15-20).

El Kangarilla Road Zinfandel también ha cosechado puntajes impresionantes y el 2007, aunque no fueron las mejores condiciones climáticas (la sequía en Australia la peor en historia reciente) también demostró ser un vino de tener en cuenta. En esta ocasión fue una cata a ciegas y aunque acerté con el origen australiano no llegué a sacar la cepa, aunque aquí habia un elemento sicológico de bloque pues no me imaginé en ese tiempo que hubiera Zinfandel en Australia y menos aun de Kangarilla Road Winery, de la cual conocía otros productos.

Más allá de lo anecdótico, el vino delicioso, con carácter californiano, grande y atrevido, complejo. El perfil aromático incluye especias y moras, con un paladar de frutas oscura muy madura, taninos suaves e integrados para un final prolongado y muy firme. Este Zinfandel está en el rango de 35-40 dólares.

ps. la foto no corresponde a la cosecha pero es la etiqueta antigua que ahora ha sido reemplazada por una hoja plateada sin el fondo crema.
ps1. vale es un término equivalente a valley, valle.